por: Manuel Betances.-
Nacido y criado en Nueva York, pero profundamente conectado con sus raíces dominicanas, Pedro Fortunato ha encontrado en la música el punto de encuentro entre dos mundos. Con Verano Fugaz, su primer EP, el cantautor y productor construyó un puente sonoro donde el merengue, la bachata y la salsa dialogan con el R&B, el jazz y una estética contemporánea que desafía los límites de los géneros.
A un año del lanzamiento de este proyecto, conversamos con Pedro sobre el proceso de descubrir su identidad artística, la importancia de reinterpretar la música dominicana para una nueva generación, el equipo que dio vida al disco y el camino que ya comienza a recorrer con su próxima producción. Además, nos lleva canción por canción a través de Verano Fugaz, revelando las historias, los lugares y las emociones que inspiraron una de las propuestas más frescas de la diáspora dominicana.
Discolai: Bienvenido, Pedro. Verano Fugaz, tu primera producción, celebra su primer aniversario. ¿Qué significa para ti este disco y qué representa poder mostrarle al mundo de dónde vienes a través de tu música?
Pedro Fortunato: Gracias por la invitación y por darme la oportunidad de hablar un poco sobre este proyecto. Verano Fugaz cumple un año y, más que un disco, ha sido un proceso de descubrimiento personal. A través de él encontré mi sonoridad, reafirmé mi identidad artística y comprendí mejor quién soy como músico. Este aniversario me ha llevado a reflexionar sobre todo lo que logré, no solo desde la producción musical, sino también en mi crecimiento personal. Soy nacido y criado en Nueva York, hijo de padres dominicanos, y crecí entre dos culturas. Esa dualidad es precisamente el corazón de Verano Fugaz.
El disco mezcla ritmos tradicionales dominicanos con las influencias de mi crianza en Estados Unidos: armonías de R&B, elementos del jazz y una estética contemporánea que convive con el merengue, la tambora y otros sonidos de nuestras raíces. Siempre me ha interesado preguntarme cómo sonarían estos ritmos si los lleváramos a otro lugar, sin perder su esencia. Por ejemplo, cuando pensamos en el merengue tradicional imaginamos un piano acústico haciendo el tumbao clásico. Mi inquietud era darle una identidad distinta a ese sonido, experimentar con nuevas texturas y, de forma natural, aportar una estética diferente a géneros que forman parte de la cultura dominicana
Háblanos del equipo que te acompañó en este disco. ¿Quiénes fueron los músicos y cómo fue el proceso creativo?
Tuve la suerte de rodearme de amigos y músicos extraordinarios; verdaderas estrellas, cada uno con un aporte fundamental al proyecto. Comenzando por Federico López, con quien he construido una gran amistad durante mis viajes a Santo Domingo. Además de producir mis voces en su estudio, me ha ayudado muchísimo con el español: la pronunciación, la escritura y todos esos detalles que, siendo dominicano nacido en Estados Unidos, he querido seguir perfeccionando. También está Edgar Molina, un percusionista excepcional que me ha acercado aún más a mis raíces. Su aporte fue mucho más allá de la percusión. Las conversaciones que compartimos sobre la historia de nuestra música terminaron influyendo en la forma en que concebimos el disco.
En los pianos estuvo Chris Hierro, con quien la conexión fue inmediata. Él entiende muy bien esa identidad neoyorquina ligada al merengue por la historia de su familia, y eso hizo que habláramos el mismo idioma musical desde el primer momento. Yo buscaba un merengue con sintetizadores, con una sonoridad moderna, inspirado en esa tradición de innovación que siempre ha caracterizado al género. Sentimos que estábamos llevando esa visión hacia una nueva generación. Y cuando hablamos de la tambora, para mí fue un verdadero privilegio grabar junto al maestro Rey Díaz «El Chinito». Nuestra relación viene de años atrás, cuando yo tocaba bajo en agrupaciones de música típica. Con el tiempo descubrimos que él había tocado junto a mi tío en la banda de Amelis Quezada durante los años 80, una coincidencia que hizo aún más especial este encuentro. Trabajar con él fue una experiencia muy enriquecedora. Siempre hablábamos sobre las diferentes tamboras, sus texturas y los sonidos que podíamos explorar. Creo que, juntos, logramos aportar algo distinto sin perder el respeto por la tradición.
Vives en Nueva York, pero mantienes un vínculo muy fuerte con la República Dominicana. ¿Cómo ves la isla desde la distancia?
Es una pregunta muy interesante… Al comienzo de mi carrera todavía estaba buscando mi identidad. Hice R&B, boleros, bachatas, rock… estaba experimentando con muchos géneros. El sencillo que lancé antes de Verano Fugaz, «Clave y Pambiche», fue mi primer acercamiento consciente a mis raíces dominicanas. Empecé experimentando en casa con una tambora, tratando de descubrir hacia dónde quería llevar mi música.
La respuesta del público fue lo que me motivó a crear un disco mucho más enfocado en el merengue. Y mientras viajaba constantemente a República Dominicana, empecé a notar que existía un espacio por explorar dentro de la escena alternativa. Veía muchos proyectos jóvenes inclinándose hacia el pop, el rock o la electrónica, pero muy pocos experimentando con el merengue desde una perspectiva contemporánea y alternativa. Ahí entendí que quizás ese era mi lugar: aportar una visión diferente del merengue, respetando su raíz, pero llevándolo a nuevos espacios sonoros para conectar con otra generación de oyentes.
¿En qué está Pedro Fortunato en estos momentos?
Ahora mismo estamos preparando el lanzamiento del próximo disco. La producción ya está terminada; lo que sigue es darle vida y compartirla con el público.En este nuevo proyecto continúo explorando los ritmos dominicanos, pero llevándolos aún más lejos. Hay mucha experimentación, nuevas sonoridades y una búsqueda constante por encontrar un lenguaje propio sin perder la esencia de nuestras raíces. Además, uno de mis principales objetivos es hacer más presentaciones en vivo. Quiero conectar con mi público, encontrar a esa gente que está abierta a escuchar una propuesta fresca, diferente y con identidad.
Hagamos un ejercicio diferente. Cuéntanos la historia detrás de cada canción que forma parte de tu EP Verano Fugaz.
«Una Canción»
Verano Fugaz abre con «Una Canción», un tema de esencia tropical con una sensibilidad de singer-songwriter acústico. Fue mi primer intento de hacer un arreglo inspirado en la salsa. Es una canción profundamente romántica. Venía de lanzar sencillos con una carga más melancólica, y sentí que era momento de escribir desde otro lugar. También coincidía con una etapa muy especial de mi vida personal, en la que empecé a pensar más en el futuro y en la posibilidad de volver a enamorarme.
La canción nace justamente de ese deseo: abrirle espacio a un nuevo comienzo y expresar la ilusión de encontrar nuevamente el amor.
«La Niña Que Conocí»
Aquí es donde realmente comienza toda la historia de Verano Fugaz. Todo sucede en un verano en Nueva York, debajo de las vías del tren, en uno de esos coros con amigos, comiendo un chimi y compartiendo una cerveza en bolsita de papel. En medio de ese ambiente tan neoyorquino nació un romance fugaz que terminó inspirando no solo esta canción, sino todo el concepto del disco. En ese momento todavía buscaba cuál sería mi siguiente paso artístico, hasta que un amigo me dijo: «Lo que tú tienes que hacer es poner a la gente a bailar.» Ese consejo se me quedó dando vueltas en la cabeza.
Tomé esa historia de un amor callejero y muy neoyorquino y la convertí en un merengue. Ahí empecé a desarrollar todas las ideas que tenía sobre cómo hacer un merengue contemporáneo sin perder su esencia: saxofones clásicos, tambora tradicional y una producción con una estética diferente. Esa canción marcó el inicio de todo.
«Rinconcito»
«Rinconcito» nace de un momento muy íntimo. En mi apartamento tenía un pequeño rincón donde compartía mucho tiempo con esa persona especial. Sentía que, cada vez que estábamos ahí, el tiempo se detenía y el mundo desaparecía por un instante. Mientras construía el concepto del disco me pregunté qué ritmo faltaba por explorar. Pensé en la bachata, pero, como ocurre con todo el EP, no quería hacerla de forma tradicional, sino fusionarla con otros sonidos.
Así surgió la idea de combinar la bachata con elementos de samba, bossa nova y el vibráfono, creando una atmósfera distinta que reflejara esa sensación de estar atrapado en una pequeña burbuja de tiempo.
«Morenita en Cabarete»
Esta canción nace de mis constantes viajes a la costa norte de la República Dominicana, especialmente a Cabarete. Hubo un año en el que viajé al país unas cuatro veces y terminé enamorado de ese lugar. Llegaba a Santo Domingo y casi de inmediato tomaba carretera hacia Cabarete.
Mientras escribía el disco todavía sentía que faltaban canciones. Un día alquilé un Airbnb frente al mar con unos amigos y, al atardecer, sentado en la arena con una guitarra, empecé a recordar esos romances de verano que, por distintas razones, terminaban cuando una de las personas regresaba a su país. Musicalmente, la canción también refleja ese intercambio cultural que forma parte de mi identidad. Tiene armonías influenciadas por el jazz y mi formación en Estados Unidos, pero al mismo tiempo gira alrededor del pambiche, uno de mis ritmos favoritos del merengue tradicional.
También pensé mucho en el Festival de Jazz de Cabarete, y de ahí nació esa combinación de sonidos. Contar con músicos como el maestro Sandy Gabriel en el saxofón, Rey Díaz «El Chinito» en la tambora y Edgar Molina en el chequeré fue clave para lograr exactamente la sonoridad que llevaba años imaginando.
«No Necesito Nada» (feat. Fede López y Edgar Molina)
Quería cerrar Verano Fugaz con una sensación de paz. La canción nació durante otro viaje a Cabarete, esta vez sin la intención de escribir música. Era simplemente un día de playa entre amigos. Aun así, llevamos una guitarra y una tambora, y de forma completamente espontánea empezamos a cantar un coro que decía: «No necesito nada, solo el sol y la playa.» En ese momento entendí que esa frase resumía perfectamente el cierre del disco.
Después de un recorrido marcado por romances fugaces, la historia termina con una reflexión sobre la sanación, el amor propio y la importancia de valorar las cosas simples: la naturaleza, la buena compañía y la tranquilidad. Al final, esa era la verdadera conclusión de Verano Fugaz: que, cuando uno encuentra paz consigo mismo, realmente no necesita mucho más.
Puedes escuchar esta entrevista en nuestra cuenta de mixcloud, esta entrevista se realizó para programa radial Emisión Discolai por RFI Santo Domingo 90.9 FM, lunes 6:00 PM y re-trasnmision martes 8:30 AM. Y la edición internacional por Musica Maestro Radio (online) los martes a las 2:00 PM
