por: Manuel Betances.-
Hay artistas que nunca dejan atrás el lugar donde nacieron, aunque vivan a miles de kilómetros de distancia. Ese es el caso del músico dominicano radicado en España Anthony Ocaña, quien recientemente regresó a República Dominicana para reencontrarse con el público de Santo Domingo y Santiago con su proyecto Anthony and the Melody Makers. En esta conversación con Discolai, habla sobre cómo la distancia ha transformado su forma de crear, la importancia de mantener vivas sus raíces y la emoción de volver a tocar en casa, demostrando que la identidad también puede construirse desde la nostalgia, la memoria y la música.
Discolai ¿Cómo se ve el Caribe desde Europa?
Anthony Ocaña: Bueno, por un lado está la visión del Caribe que tiene todo el que no ha vivido allí: un lugar alegre, donde se le sonríe a los problemas, donde hay mucha fiesta y un clima cálido que te hace estar siempre en la calle. Sin embargo, desde mi perspectiva personal, el Caribe es el lugar donde se formó mi persona. Cuando abro ese compartimento de mi memoria, abro un río lleno de recuerdos, lleno de vivencias que no voy a poder vivir en ningún otro lugar, ni en ningún otro momento de mi vida, porque solamente las viví allí.
Yo conecto con el Caribe desde una perspectiva emocional muy fuerte. Recuerdo los atardeceres de los domingos; antes de ir al colegio me entraba una nostalgia muy particular, me invadían muchas emociones. Entonces, mi Caribe tiene, obviamente, mucha alegría, porque yo soy caribeño y sé sonreírle a los problemas, sé gozar y sé estar en la calle. Pero también sé que viví muchas cosas allí: me emocioné, me enamoré, me rompieron el corazón, me decepcioné, me alegré muchísimo… Lo viví todo.
Para mí, el Caribe tiene una visión doble: esa visión real o coloquial que todo el mundo conoce, superpuesta con esa capa mágica y emocional con la que yo crecí.
Y desde la isla, ¿cómo sientes a Europa?
Es una pregunta muy interesante porque yo siempre veía Europa como un lugar de esperanza, de oportunidades, de progreso. Supongo que mi generación, y muchos dominicanos, sienten que hay más oportunidades fuera del país. Y es verdad que, en algunos aspectos, las hay. Pero cuando he vuelto al Caribe me doy cuenta de que allá también existen otras oportunidades, otras formas de vivir la vida que aquí no se pueden lograr.
Por otro lado, también descubres que hay muchas similitudes. Especialmente yo, que vivo en España. España es la madre patria y es cierto que los dominicanos tenemos mucho de los españoles, así como los españoles tienen mucho de Latinoamérica. Hay una relación constante de ida y vuelta entre ambos lados. Es interesante ver cómo ha cambiado con los años esa sensación de mirar a Europa desde República Dominicana.
Siguiendo en esa onda, ¿cómo es crear música a la distancia?
Es una situación que tiene ventajas y desventajas… La principal desventaja es que no tienes tan a mano a las personas y la información sobre la música dominicana. A veces quisieras llamar a un amigo, ir a su casa y presentarle una idea que inmediatamente entienda, porque comparte tu lenguaje musical. No tienes que explicarle nada; sabe exactamente lo que estás haciendo. Esa facilidad que existe al tratarse de una música nativa permite desarrollar ese lenguaje de una manera muy particular.
Sin embargo, estar lejos también te permite observar la música dominicana desde una perspectiva diferente, una que probablemente no tendrías si vivieras dentro de ese contexto.La distancia me ha dado mucho amor por la música dominicana. Además, crear también implica tomar distancia de la realidad para observarla, casi como un ente omnipresente.
Vivir lejos de República Dominicana me ha permitido construir una visión muy personal del país, basada en mis propias experiencias. Es como crear una República Dominicana imaginaria y, dentro de ella, desarrollar mi propia visión a través de las notas musicales y de las letras de mis canciones.
Hablando de esta visita al país, ¿cómo fue la vibra de tocar en Santo Domingo de nuevo?
Siempre es una enorme ilusión volver a tocar en Santo Domingo. Esa es la ciudad donde me crié y donde he tocado muchísimas veces a lo largo de mi vida. Pero tenía muchos años sin regresar. De hecho, hubo un momento en el que pensé que mi carrera como concertista había quedado atrás. Pasé casi dos años sin ofrecer conciertos. Sin embargo, cuando reinventé mi proyecto Anthony and the Melody Makers, nació nuevamente la necesidad de subirme a los escenarios.
Después de presentarlo varias veces en España, sentí que ya era el momento de llevarlo a República Dominicana. Cuando lo hice, me di cuenta de algo que me encanta del dominicano: conecta con la música en primera persona. Se la hace suya inmediatamente. En otros lugares, donde el público puede ser más reservado, a veces da la sensación de que observa la música desde fuera, como quien contempla el ritual de un concierto. En cambio, el dominicano entra de inmediato en la experiencia y hace suyas las canciones.
Eso fue precisamente lo que viví en el Centro Cultural Banreservas de Santo Domingo.
¿Y en Santiago? Porque hay que decirlo: la capital es una cosa, pero el Cibao tiene otra vibra.
Yo nací en Santiago y me crié en Santo Domingo. Siempre que regreso procuro ofrecer un concierto en ambas ciudades y, si puedo, también en otros lugares del país. Santiago tiene una personalidad distinta. Tiene su propia manera de sentir la música. Santo Domingo, por ser una ciudad costera, tiene otra energía.
Geográficamente son mundos diferentes, pero creo que nos parecemos mucho más de lo que nos diferenciamos. La experiencia, al final, es muy similar. Tanto en Santo Domingo como en Santiago, el público hace suya la música desde el primer momento.Y esa ha sido, quizá, la parte que más me ha fascinado de volver a tocar en casa.
Hablando de tu proyecto Anthony and the Melody Makers, ¿cómo es el proceso de crear fuera de la isla con el objetivo de sonar como si todavía estuvieras en ella?
Siempre recuerdo un consejo que me dio Luis Díaz cuando iba a su casa a aprender de música dominicana. Lo único que me dijo fue:
«Anthony, nunca abandones tus raíces dominicanas. Esa es tu mayor fuerza.»
Y eso hice. Siempre procuré integrar esas raíces en todo lo que componía, tanto de forma evidente como sutil. Con el paso de los años, ese proceso se volvió completamente natural. Cuando trabajo con músicos extranjeros, algunos ya conocen muy bien la música dominicana. Con otros tengo que explicarles cómo funcionan nuestros ritmos. Aunque al principio cuesta un poco, terminan entendiéndolos porque son ritmos muy contagiosos.
Creo que lo interesante de Anthony and the Melody Makers es precisamente eso: es un proyecto profundamente dominicano, pero creado desde fuera. Hay elementos de la música española, del pop y de otras influencias internacionales que también forman parte de mi vida. Por ejemplo, siento que, de alguna manera, «rumbeo» el merengue. Hago cosas que probablemente no haría si siguiera viviendo en República Dominicana. Y eso le aporta una riqueza distinta y una visión muy personal de nuestra música.
A nivel emocional, imaginamos que esta visita ha sido un reseteo. ¿Crees que eso se reflejará en tu música?
Definitivamente… Es una locura pararte en Madrid, en un festival al aire libre, y llenar esa calle de color dominicano. Ver cómo la gente conecta inmediatamente con nuestros ritmos es impresionante. Siempre digo que, si hiciéramos un disco compuesto únicamente por ritmos dominicanos, sin melodías ni letras, también funcionaría, porque nuestros ritmos tienen una personalidad enorme.
Vivir esa experiencia desde fuera hace que uno valore aún más la fuerza que tiene nuestra música para emocionar a personas de cualquier lugar. Aunque mi visión combine la distancia con la cercanía, sigo siendo dominicano, crecí allá y esta experiencia ha sido realmente maravillosa.
¿Qué consejo le darías a todo dominicano que, al igual que tú, vive fuera del país para mantener esa conexión creativa y emocional con su tierra?
Creo que lo primero es estudiar la cultura dominicana de la manera que cada quien considere adecuada. Pero también pienso que es importante permitirse un tiempo de desconexión. Integrarte profundamente en el lugar donde vives te ayuda a descubrir similitudes entre esa nueva cultura y la cultura dominicana. Y es justamente ahí donde empieza a construirse tu propia visión de República Dominicana. La cultura ya existe y hay muchísimos expertos que la preservan y la estudian.
Pero como artista o creador, lo interesante es aportar tu mirada personal. No estás reinventando la cultura dominicana, sino reinventando tu manera de sentirla y de compartirla con el mundo. Y creo que esa es una de las cosas más bonitas que le pueden pasar a una persona creativa.
Finalmente, aparte de los recuerdos de este reencuentro, ¿qué te llevas de vuelta a la madre patria? (Hablamos de cosas tangibles: un dulce, un ron, un llavero con el escudo…).
Me llevo una pelota de béisbol firmada por el equipo del Escogido. Es una pelota que tenía guardada desde hace muchos años y decidí traerla conmigo. Cuando era niño quería ser jugador de béisbol, así que tengo una relación muy especial con ese deporte. Aunque ya no lo siga como antes, el béisbol fue una parte muy importante de mi infancia. Por eso, el recuerdo que elegí llevarme de vuelta fue esa pelota firmada por el equipo que más me gusta: los Leones del Escogido.
Puedes escuchar esta entrevista en nuestra cuenta de mixcloud. Esta entrevista se realizó para programa radial Emisión Discolai por RFI Santo Domingo 90.9 FM, lunes 6:00 PM y re-trasnmision martes 8:30 AM. Y la edición internacional por Musica Maestro Radio (online) los martes a las 2:00 PM.
