Dominicans en Madrid: música de la otra diaspora.

por: Max ‘Drlacxos’ Cueto.-

La diáspora dominicana es el conjunto de más de 2.5 millones de personas, entre emigrantes y sus descendientes, que residen fuera de la República Dominicana, representando alrededor del 20% de la población nacional. Concentrada principalmente en Estados Unidos y España, es clave para la economía por las remesas y mantiene fuertes vínculos culturales. La diáspora actúa como un puente cultural, influyendo en la música, arte, gastronomía y política dominicana, se caracteriza por mantener un fuerte vínculo con su lugar de origen, su cultura y su identidad, a pesar de vivir en el extranjero.

Hace unos meses visité la ciudad de Madrid, mi priemera vez en España, mi primera vez en Europa, en una de esas salidad por Madrid, ese puente cultural se siente vivo en los lugares más inesperados. Un jueves por la noche terminé bajando las escaleras de El Perro de la Parte de Atrás del Coche, conocido también como Sala El Perro Club, un espacio donde las luces se atenúan y el sonido toma el control. Allí se celebraba la Mad Dog Jam, una jam session de rock, funk y psicodelia donde la improvisación no es recurso sino filosofía. Los jueves se bajan las luces y se sube el volumen, esta jam propone directos intensos, sin red, donde la energía fluye sin filtro y la música se construye en tiempo real.

El anfitrión de la noche era el dominicano (y de Santiago) Jay Rivera, vocalista de la banda española The Groove Family, un proyecto que mezcla funk contemporáneo con soul y groove clásico, consolidando un sonido elegante y orgánico dentro de la escena madrileña. Rivera, con una presencia escénica cercana y magnética, logra que el público no se limite a observar: invita a participar, a perder la timidez, a integrarse en una comunidad efímera que solo existe durante la duración del concierto.

Entre músicos y asistentes se encontraban artistas que confirman cómo la diáspora se manifiesta también en el circuito independiente europeo. El cantante Charles Lavaigne, conocido por una trayectoria que combina rock, psicodelia, R&B y matices alternativos, ha desarrollado un repertorio donde la identidad caribeña se entrelaza con sensibilidades globales. Charles para 2023 nos entrego su ultima produccion hasta la fecha, el emotivo e interesante ‘La Niebla’. Su presencia aportó una dimensión especial a la noche, reforzando esa idea de tránsito cultural constante que define a muchos artistas dominicanos fuera de la isla.

También estuvo el guitarrista Anthony Ocaña, músico versátil vinculado a proyectos que exploran el funk, el jazz contemporáneo y el rock experimental, consolidando una identidad sonora donde la técnica se pone al servicio de la improvisación. Su trabajo reciente apunta hacia nuevas exploraciones musicales que dialogan con la tradición jam y la producción moderna. Ha publicado álbumes como ‘Solo‘, ‘Wet Fields‘ y ‘In Trance (La luna o los ritos del amor)‘, fusionando jazz, rock progresivo, minimalismo y sonoridades caribeñas. En el 2022 lanzó un nuevo proyecto bajo el nombre de Anthony And The Melody Makers, en donde colaboraco con diferentes musicos tantos de españa como de otras latitutes.

La camaradería y la música fluyeron hasta el cierre, cuando Charles Lavaigne nos deleitó con una versión improvisada de Champis / Buddies / Momma Got You Move, un momento irrepetible que encapsuló la esencia de la jam: espontaneidad, complicidad y disfrute compartido.

Días después, durante mi recorrido por vinilerías de Madrid, la gran Marilians Records, Bajoelvolcán, La Gramola (donde encontré un disco de Charytin en casi 30 euros) la famosa La Metralleta, la futuristica Ater Cosmo, llegué a El Almacén de Discos, especializada en música electrónica. Allí tuve la oportunidad de encontrarme con Carlos Zouain, creador del proyecto dis.Tant. Conversamos sobre su obra (el mas reciente lanzamiento) ‘desviaciones’ y su próximo proyecto Swimming Syndrome, en colaboración con su pareja Kaitlin Bruno, mostrando cómo la escena electrónica también se nutre de conexiones personales y creativas que atraviesan fronteras.

Madrid se reveló así como un espacio donde la diáspora dominicana no solo mantiene su identidad, sino que la transforma y la comparte, generando encuentros musicales únicos. Entre funk, psicodelia y electrónica, la ciudad se convirtió en un escenario vivo de intercambio cultural, un puente sonoro donde cada nota, cada improvisación y cada conversación alimenta la continuidad de una herencia creativa que viaja más allá de la isla.