por: Max ‘Drlacxos’ Cueto.-
Entre el regreso a las raíces tropicales y las despedidas agridulces, la música dominicana contemporánea atraviesa un momento dinámico de constante transformación. En este repaso exploramos cuatro lanzamientos recientes que capturan la frescura y versatilidad de la escena local: la madurez sonora de Martox en Caracol, la emotiva despedida de Fundamentar con De Mí, Para:, la cautivadora propuesta emergente de Lulu Castillo en Fulgor, y el juego bailable del «Merengue Lo-fi» de Papi Naranja en Señal Naranja.
Martox – Caracol
Martox conserva ese pop que ya identifica a la banda en ‘Caracol’ pero esta vez decide abrir las puertas de su sonido para dejar entrar, con más fuerza, los ritmos tropicales de la isla. Hay momentos electrónicos, pasajes de funk y capas de R&B, pero todo parece regresar a un mismo punto, la necesidad de hacer que lo dominicano dialogue con una estética contemporánea sin perder su esencia. Uno de los grandes aciertos del disco está en el protagonismo compartido entre la voz de Juanmi y la producción de Baldera. La producción se siente arriesgada, pero no caprichosa. Hay una intención clara detrás de cada textura y, sobre todo, un hilo narrativo que sostiene el álbum de principio a fin. Caracol está dividido en dos discos y juega con una estructura circular, casi como el movimiento del animal que le da título: avanzar, regresar y volver a comenzar desde otro lugar. En ese recorrido aparecen canciones que ya conocíamos de la banda, como “Mi Atención”, “Brillo”, “Si Es Verdad” y “Cenizas en el Desierto”, que ahora encuentran un contexto más amplio dentro del álbum.Pero es precisamente cuando Martox se mete de lleno con los ritmos dominicanos que el disco adquiere otra dimensión. “Enganchao de Ti” se monta sobre el merengue y deja claro que, en esta isla, el ritmo no necesita demasiada explicación: simplemente está ahí, vivo y funcionando. “Quererte y Nunca Tenerte” se acerca a la bachata y respeta varias de sus fórmulas más reconocibles. El bolero aparece en “Cenizas en el Desierto” y “En la Oscuridad”, aunque cada canción lo aborda desde lugares distintos. Y luego están esos experimentos donde la banda parece sentirse más libre: “Contando Ovejas”, “Mil Puertas”, “Francotirador” y “Caracol” incorporan distintas dosis de R&B, electrónica y otros recursos que terminan de ampliar el mapa sonoro del álbum. Caracol es un trabajo que no aburre. Avanza con naturalidad, cambia de piel cuando tiene que hacerlo y, en varios momentos, sorprende. Se siente como una producción madura, ambiciosa y bien ejecutada, pero sobre todo como un paso importante para una banda que parece haber entendido que crecer no necesariamente significa alejarse de casa.
Fundamentar – De Mí, Para:
Fundamentar es de esas bandas que llevan un rato haciendo ruido en la escena local sin terminar de entrar del todo en la conversación. En 2020 presentaron su EP homónimo y, dos años después, Phoebe: trabajos de guitarras, energía y un rock bastante digerible, aunque pocas veces suficientemente mencionado cuando se habla de las bandas contemporáneas de la escena. En 2026 llega ‘De Mí, Para:‘ y, junto al lanzamiento, la banda anuncia su separación. Lo que podía sentirse como el momento en que Fundamentar finalmente daba ese salto que veníamos esperando, terminó convirtiéndose en un adiós. ¿O será un hasta luego? El disco abre con “La Verdad II”, aparentemente continuación de “La Verdad”, incluida en Phoebe, aunque musicalmente ambas canciones viven en mundos distintos. Es un corte sólido, guitarrero y directo, seguido por “Bipolar”, el sencillo elegido para presentar esta nueva etapa. Pero es en “TICK TACK” donde Fundamentar se permite jugar un poco más. Las guitarras recuerdan por momentos a Two Door Cinema Club y Vampire Weekend, mientras “Bomba de Tiempo” mantiene el movimiento. Y entonces aparece “HQNVAE”, probablemente el momento más interesante del disco: una especie de pseudo-reggae con arreglos de vientos que se aleja bastante de lo que la banda nos tenía acostumbrados. Es diferente, refrescante y, precisamente por eso, deja la sensación de que aquí había algo que todavía podía explorarse.El cierre llega con “Julián”, dejando al disco (y a la banda) en un punto extraño, el de una despedida que ocurre justo cuando parecía que podían estar encontrando un nuevo camino.Y quizás esa sea la parte más frustrante de De Mí, Para: que deja la impresión de que Fundamentar todavía tenía cosas que decir. En una escena donde muchas propuestas aparecen y desaparecen antes de encontrar su espacio, bandas como esta hacen falta. Esperemos que esto no sea el final, sino apenas otra vuelta: que Fundamentar pueda regresar, transformarse o convertirse en otra cosa. Porque a veces una banda no termina; simplemente cambia de nombre.
Lulu Castillo – Fulgor
Hace unos meses me topé con el proyecto musical de Lulu Castillo, quien viene haciendo música desde 2021. Ahora presenta ‘Fulgor‘, un EP de seis canciones que en apenas 14 minutos apuesta por el pop como punto de partida, pero no como límite. El disco comienza con “Lo Que Ella Sembró”, una canción a capela donde la voz de Lulu queda completamente expuesta. No hay dónde esconderse: si la voz funciona, funciona todo. Y aquí funciona. Es una entrada que hipnotiza y deja con ganas de saber qué viene después. “Tranki, Todo Pasa” se mete de lleno en los códigos del pop contemporáneo, con sonidos electrónicos y secuencias que le dan movimiento. Luego aparece “Divino D”, con un aire más urbano, un beat construido desde MPC y una trompeta que trae cierta nostalgia por aquel sonido urbano de los 90, cuando todavía había espacio para que una melodía de viento se robara el protagonismo. “Debajo del Sol” es otro de los puntos fuertes, tanto por su construcción sonora como por la manera en que está estructurada. Después llega “Solar”, junto a Vic Rosss y Gabycabral!, ampliando el universo del EP antes de cerrar con “Kemarropa”, donde Lulu deja entrar con más fuerza los sonidos folclóricos dominicanos: tambores, güiras y atabales conviviendo con el pop. Y ahí está lo interesante de Fulgor: no intenta demostrarlo todo de golpe. Son apenas seis canciones, pero suficientes para mostrar que Lulu Castillo tiene una voz propia en construcción y, sobre todo, la curiosidad para explorarla. Fulgor es un buen comienzo. Quizás todavía más importante: es el comienzo de un camino que promete. Hay talento, hay intención y hay una voz que vale la pena seguir escuchando.
Papi Naranja – Señal Naranja
Papi Naranja, el proyecto que mezcla el merengue con la electrónica y que ellos mismos llaman “Merengue Lo-fi”, presenta ‘Señal Naranja‘, un nuevo EP donde los elementos electrónicos siguen teniendo protagonismo, mientras la güira y la tambora se mantienen como parte de ese ADN tropical que ya identifica al proyecto. Con Alfred Spin llevando la voz cantante, uniéndose con Daniel De La Rosa y Betonnicci quienes llevan los pulsos sonoros. Papi Naranja continúa experimentando con sonidos y formatos. En apenas 15 minutos y cuatro canciones, el proyecto defiende una propuesta que se mueve entre canciones chill y playeras, rapeos, ritmos bailables, voces robóticas, coros pegajosos y letras que juegan con el doble sentido. El house también aparece entre las referencias, ampliando ese universo donde el merengue parece encontrarse con una pista de baile electrónica. “Señal Naranja” abre el EP con guitarras de Niger Grey, quien también se encarga del mastering, mientras que “Summer Love”, previamente presentada, suma guitarra y coros de Ruben Cruz. Es quizás el momento más playero del trabajo, una canción que mantiene ese mood ligero y despreocupado que atraviesa buena parte del proyecto. En “Paquete” aparecen las guitarras de Francis Ovalles, reforzando el carácter bailable de la canción, mientras “Cohoba” lleva la mezcla un poco más lejos con la percusión de Sergio Marrero y los beats de Romny Castillo. Los coros de Mikeall Garcia terminan de completar un EP donde las colaboraciones no se sienten como simples créditos, sino como piezas que ayudan a construir el sonido. Señal Naranja no pretende reinventar el merengue ni ponerse demasiado solemne con la experimentación. Papi Naranja parece entender que parte de la gracia está precisamente en jugar: coger nuestros ritmos, pasarlos por una computadora, añadirle electrónica, guitarras, voces procesadas y un poco de lo-fi, y ver qué sale de ahí. Y por ahora, la señal sigue llegando.
