por: Max ‘drlacxos’ Cueto.-
En la memoria afectiva de la música alternativa dominicana hay colores que nunca se apagan. Algunos permanecen como destellos intermitentes, otros como pulsos constantes en la penumbra de una escena subterránea, y unos pocos (muy pocos) vuelven de pronto a iluminar todo con un brillo inesperado. Los Violetas pertenecen a esta última categoría.
La agrupación, formada en Santo Domingo por Auro Sónico, ya entonces reconocido por la estela de ‘Auro & Clemt’, Jonny Kmaleonic (Mamey Genius) y Fiona Shékuby, apareció como una anomalía suave, un gesto estético distinto dentro de un panorama dominado por el rock clásico y las guitarras más terrenales. Donde muchos buscaban contundencia, ellos ofrecían atmósferas; donde otros apostaban por la distorsión, Los Violetas preferían la sutileza, la textura y el color.
Sus primeros trabajos, el EP “Areir” y luego “Dulces Sonidos Cósmicos Ultravioletas”, anunciaron una banda que parecía más interesada en crear sensaciones que en responder a etiquetas. El dream-pop, el indie melódico y la sensibilidad post-rock se filtraban en canciones como “El Verdor”, que se convirtió en puerta de entrada para quienes buscamos sonidos distintos en la isla. A veces intimistas, a veces expansivos, Los Violetas construyeron un universo propio donde la voz, la poesía y la experimentación convivían en armonía.
Con el paso del tiempo, su presencia se volvió silenciosa. La banda no se disolvió de forma estruendosa; simplemente se convirtió en un mito reciente, en un recuerdo compartido entre quienes asistieron a sus presentaciones o encontraron refugio en sus grabaciones. Esa lejanía solo fortaleció la idea de que Los Violetas habían sido un proyecto adelantado para su momento: una especie de semilla que necesitaba tiempo para germinar.
Ese germen resurgió años después, cuando apareció “10mo Aniversario (Live)”, un álbum en vivo que funcionó casi como un conjuro. La publicación no solo reavivó su catálogo ante nuevos oyentes, sino que encendió de nuevo la conversación alrededor de su legado. Fue, sin proponérselo, una invitación a imaginar un regreso.
Y ahora, ese regreso es real.
Tras más de una década de transformaciones personales y exploraciones artísticas en sus proyectos individuales, Los Violetas volverán a reunirse este 6 de diciembre en el Bar Room de República Brewing. No como una nostalgia vacía, sino como un reencuentro luminoso con la estética que los definió y con un público que, lejos de olvidarlos, los estaba esperando.
La cita promete ser algo más que un simple concierto. Será la oportunidad de ver cómo su sonido, esa mezcla suave, vaporosa y emocional, dialoga con el presente. Cómo Auro, Jonny y Fiona reactivan la química que una vez convirtió a Los Violetas en un secreto a voces. Cómo las canciones que nacieron en estudios y salas de ensayo de hace más de una década aún pueden hacerse nuevas cuando vuelven a respirarse en vivo.
En un país donde los proyectos alternativos suelen ser testimonios frágiles de un entusiasmo fugaz, este junte representa una rareza valiosa… una segunda oportunidad para una banda que nunca terminó de decir todo lo que tenía que decir.
Los Violetas regresan.
El eco ultravioleta vuelve a encenderse.
Y quienes alguna vez vibramos con su música, sabemos que no podemos perdernos este resplandor.

