Bachata, patrimonio y tendencias de un amargue globalizado.

por: Manuel Betances.-

En la bachata la mujer nunca está: no ha llegado o ya se fue. Es la tónica constante en el lamento de sus letras. Para eso iniciamos diciendo que Rafael Encarnación (primer fenómeno de masas en su circuito), José Manuel Calderón (pionero en las grabaciones), Luis Segura (voz y figura distintiva del género desde sus inicios), Leonardo Paniagua (artífice en el aspecto comercial entre sus colegas), o Edilio Paredes (quien impregnó con su requinto un color sonoro que identificamos hoy al vuelo), bien pueden representar esa génesis de la proto-bachata de la cual otros como Blas Durán, Marinito Pérez, Juan Bautista, Aridia Ventura, El Chivo sin Ley o Ramón Torres se subieron en sus hombros para darle paso a los Luis Vargas, Antony Santos, Raulín, Zacarías, Joe Veras, Yoskar, El Camarón, hasta Aventura, creando una nueva estética desde aquella música de amargue o de guardia que ya evolucionada, se sigue bailando y continúa uniendo cuerpos (a veces desconocidos) en la penumbra de la noche, o bajo el sol de una playa. Se quedan muchos nombres por falta de espacio, pero sabemos quiénes fueron y quiénes siguen aún. Están en el paso de un baile que ha despertado pasiones desde la década 60, y hoy el mundo reverencia a todo el que se para a bailar una Bachata.

Desde el 11 de Diciembre de 2019 este, ya reconocido, género musical es declarado Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO). Definitivamente que nos gusta la declaratoria. Ya del día elegido con sus justificaciones dadas, se puede debatir más adelante, pero se agradece enormemente la iniciativa porque de eso se trata, de velar por los intereses del patrimonio cultural de un país. Más como el nuestro, eminentemente musical. Eso es lo que debemos celebrar y propalar, siempre con buenas intenciones.

Hoy se bachatea incluso en las antípodas, y no es de extrañar. Son muchos los que han contribuido donde esos frutos se ven hoy. Por ejemplo, como una patada voladora del destino, en octubre 13 pasado la revista Rolling Stone tuvo la osadía (según algunos) de publicar una lista de los 250 Mejores Guitarristas de Todos los Tiempos, colocando en el puesto 244 a Edilio Paredes. De ñapa, por encima de Andy Summers del mítico trío inglés The Police.

«Y el hombre que le dio a la música del amargue su identidad sonora (esas líneas de guitarra picantes y en espiral que revolotean y acentúan la amargura del amor perdido) es Edilio Paredes. Un prodigio autodidacta, jugó un papel clave en la ingeniería de la transición del bolero campesino a la bachata contemporánea que finalmente ganó el lugar que le correspondía como género afrocaribeño trascendente en los años noventa», dicen los gringos de la revista en el discutido artículo metiendo en la misma tómbola a Paredes junto a Hendrix, Randy Rhoads o Eddie Van Halen, por ejemplo. Si eso no es algo a destacar para nuestro género musical, entonces vaya usted al Río Fula (Bonao, R.D.) a comer locrio en piedra, beber romo a pico de botella y gozar hasta que una crecida se lo lleve en claro bailando «El batidor pelao» con Edilio en el requinto.

Ya en el presente, pasada la era post-Aventura, Monchy & Alexandra, Romeo Santos y Prince Royce, la bachata se ha mezclado de una forma que mete miedo en estudios de grabación donde C. Tangana, Robi Draco, Nathy Peluso, Manuel Turizo, The Weeknd o Rosalía no tienen que ver con bajar al barrio y meterle grajo al Pop/Rock edulcorado más estilizado, rindiéndose a los pies del gusto popular, y por supuesto a los cánones de la industria. Por algo lo hacen.
Ese gusanillo de tirar pasitos dando un disimulado brinquito, dependiendo de si a usted lo bailaron cuando chiquito, ha cogido su vuelo y se le ha metido por dentro a proyectos/artistas en Latinoamérica como a la colombiana Elsa & Elmar, a la banda venezolana Anakena, al chileno más dominicano como Vicente Cifuentes, o la explosiva dupla de Gepe (Chi.) y Natalia Lafourcade (Mex.), demostrando que la Bachata ha tenido una proyección inesperada dentro de artistas que uno los imaginaba lejos de nuestras fronteras sonoras al respecto. Por último, el sierreño de apenas 19 años Danny Lux, con su cuarto disco «DLux«, se coló como si nada en el puesto 90 de los 100 Mejores Discos del Año 2023 de la Rolling Stone, así con el relajo entre música regional y bachata. Nos engañaron. Ya esa gente tenía las orejas paradas hace tiempo.

En cuanto a lo Local, retrocedemos a finales de los 90 con Toque Profundo, y su atrevimiento para muchos, al grabar «Dando aco» (1998) entrando así al mundo del rock-amargue, pero a principios de siglo, la diáspora se encarga de recordar aquello de que el dominicano cuando emigra se lleva todo lo suyo. Sucedió con el proyecto Cabojuan al publicar el disco «Fusión» (2003) entrelazando punteos de amargura con riffs de hard-rock entre el frío de New York y la nostalgia de un trago de cerveza caliente en un campo de Tamayo. Muchos del patio, al pasar los años, agarraron la onda y faltaría más espacio para seguir mencionando, pero concluimos con una mirada renovada y arriesgada aunque efectiva al desglosar la siguiente propuesta.

Hablemos de Los Sufridos, que por así abordarlo, se trata de un colectivo que viene grabando canciones las cuales se deslizan entre el reggae y el dancehall, sacando chispas con nuestra Bachata. Se sabe (o se rumora) que es un producto de la unión del rapero TYS, el productor Cromo X y Mítico (La Gran Mawon). Como queso derretido o rayado sobre una loma de mofongo, tienen un tema en colaboración rodando con Kiko el Crazy, y como humo que sube hasta la ventana de la vecina de arriba, todo se enmaraña visualmente con videos donde los protagonistas son dembowceros. Urbano con amargue y flow de barrio. Ese es el nuevo concepto de bachata-pop. No hay pa’ nadie.

Bachatéame mamá!!!